viernes, 14 de abril de 2017
martes, 7 de marzo de 2017
ORTOGRAFÍA Y OPOSICIONES: LO QUE EL OJO NO VE. LA NECESIDAD DE UNA EDUCACIÓN PÚBLICA Y DE CALIDAD.
“Me encanta que me haga esta pregunta”. Dándole una
vuelta a esta tópica respuesta, y en referencia al reciente caso de las
frustradas oposiciones al Cuerpo Nacional de Policía, podríamos convenir en que
“me encanta que pasen estas cosas”, porque así se evidencian asuntos de extrema
importancia. Y me explico.
La forma extra-insistente en que se ha volcado toda
la prensa patria en justificar la (sic) “dureza y dificultad extremas” de la ya
famosa prueba, con los “hágalo usted mismo a ver qué tal le sale” a toda
página, llama sobremanera la atención y hace pensar si el tema no irá más allá
de lo que parece. ¡Y tanto que va!
La prueba, en resumen, ofrecía un listado de 100
palabras que los opositores debían indicar si estaban mal o bien escritas. Y
resultó que suspendieron la mayoría de ellos, hasta el punto de hacer peligrar
la cobertura de las plazas ofertadas. Un poema, vaya.
Bien. Si piensan hacer el test propuesto por la
prensa a modo de justificación de la debacle, no se obsesionen con sacar un
“10”. Aproximadamente un 25% de esas palabras eran de difícil solución, es
cierto, pues se trataba de americanismos, arcaísmos e incluso de palabras con
un uso, simplemente, circunscrito a no-se-yo qué determinada zona geográfica.
Pero todo eso era la trampa. O mejor, es la trampa que nos tienden los medios
para que miremos donde ellos (los de siempre) quieren que lo hagamos.
El meollo de la cuestión no eran esas palabras
confusas y “para eruditos”, como se denuncia, sino ese otro 70-75% de palabras
en las que bastaba con identificar las reglas ortográficas de nuestro idioma.
Cualquier persona con el nivel académico mínimo que
se exige para opositar al C.N.P. debería pasar esta prueba sin problema. En
realidad, debería pasarla sin problema cualquiera en posesión del título de
graduado en E.S.O. Pero la realidad nos devuelve un “no apto” como un sol
porque de lo que hablamos, en el fondo, es de lo que parece no importar
demasiado: la desatención de la educación pública y, como uno de sus
resultados, el cada vez más bajo nivel de nuestros jóvenes en materia tan
central en un estudiante como es, o debería ser, la correcta expresión escrita,
esa batalla que parece ya del todo perdida contra el “wasa”, contra el “muxo” o
contra el “keda”.
En este caso, encima, y como agravante, la solución
ha sido salirse por la tangente de anular la prueba. Pero flaco favor nos
hacemos con esto, pues no deja de ser el certificado de la nula importancia que
damos al asunto. Señalar que la prueba no mide las competencias del opositor,
como denuncian desde el SUP, es dar por buena (desde dentro, además) la imagen
del policía como simple mamporrero que no necesita saber hablar ni escribir
porque para eso lleva chapa, como si, en realidad, no se tratara de
funcionarios públicos que deben, también y como todos, escribir informes o
redactar atestados, o como si no se tratara, sin más, de personas que han
debido superar una formación académica mínima.
Aquí, lo que se está dando por bueno, en
definitiva, es un sistema que está minando de forma continuada la educación
pública en favor de la mercantilización de la enseñanza. Porque este caso
ejemplifica a la perfección el final del camino al que conduce ese
desmantelamiento de los centros públicos, por un lado, y el vaciado de contenidos
curriculares, por otro.
El próximo día 9 de Marzo hay convocada una jornada
de lucha en defensa de una educación pública y de calidad. Y para que la
educación sea de calidad no sólo es necesario dotarla de recursos económicos,
humanos y materiales suficientes, sino que también es necesario que los planes educativos dejen
de ser moneda de cambio del interés partidista, que dejen de escribirlos las
grandes empresas para que pasen a ser el trabajo de consenso de toda la
comunidad educativa, con especial atención a la opinión de quien más y mejor sabe
de esto, los y las maestras; y es necesario, en fin, que se vuelva la mirada
hacia las materias que hemos ido perdiendo por el triste camino que emprendimos
el día que dimos por bueno prescindir, entre otras, de la filosofía, de la
literatura o de las artes para convertirnos en meras máquinas aptas solo para buscar
empleo.
martes, 11 de octubre de 2016
NADA QUE CELEBRAR.
Este 12 de Octubre NO tenemos NADA que celebrar.
Mañana, para nuestra vergüenza, sacarán las banderitas y apelarán a la hermandad hispana aquellos que durante todo el año recelan de quien viene del otro lado del oceáno (salvo que se llame Messi y venga a defraudar a la hacienda pública).
Mañana, para nuestra vergüenza, serán muy hispánicas aquellas grandes empresas que cada día hunden sus garras en latinoamérica para continuar con el expolio iniciado en 1492.
Mañana, para nuestra vergüenza, un
gobierno que abandona a su suerte a cientos de miles de personas, se pondrá el
disfraz de monigote para gritar al viento que son muy españoles y mucho
español.
Mañana, para nuestra vergüenza, el dinero de la sanidad, la educación,
las pensiones, la dependencia, la cultura, se irá por el retrete de una parada
militar, cabra incluida.
Mañana, para nuestra vergüenza, nos volveremos a
levantar con la noticia de que en esta hispánica España se han disparado las
detenciones e identificaciones por motivos étnicos.
Mañana, para nuestra
vergüenza, no habrá nada que celebrar cuando el hispánico Borbón y sus colegas
descorchen el champán mientras nuestros hermanos latinos deambulan por las
aceras en busca de comida y de respeto.
lunes, 30 de mayo de 2016
CULTURA. CERRADO POR OMISIÓN.
En muchas ocasiones he
oído eso de que algo tenemos que parece que nos da vértigo cuando alcanzamos la
excelencia. Y sí, en una primera y rápida vista, eso pareciera, que algo
despierta en nosotros una especie de vértigo escénico. Sí, pero no… porque si
acercamos el foco podemos encontrar que ni todo es tan casual ni todo tan
poéticamente explicable. Y cuando hablamos de lo colectivo y de la Cultura,
causa tanto sonrojo como decepción.
Estos últimos días hemos
recibido las tristes noticias que nos llegaban sobre la desaparición de dos de
las grandes citas musicales sevillanas, el Festival de Música de Cámara Joaquín
Turina y el Terrritorios, ambos de referencia en el sector. Pero tampoco
podemos olvidar otras citas importantes que se fueron cayendo recientemente del
calendario sevillano, como eran Alamedeando y Zemos98. Y si remontamos la vista
años atrás, podremos llorar por citas tan importantes a nivel internacional
como el Festival de Cine, aquel que logró desbancar de categoría a su hermano
donostiarra, o el Festival de Jazz, reconocido como uno de los más importantes
del Estado. Incluso el Festival de Danza de Itálica estuvo un tiempo en el filo
de la navaja. Otros, de momento, van sobreviviendo mientras miran de reojo. Igualmente,
leemos atónitos las noticias que nos llegan sobre la Real Orquesta Sinfónica de
Sevilla, como antes nos llegaron sobre las de Málaga o Córdoba, o sobre el
Teatro de la Maestranza.
Hoy atravesamos una crisis
importante y rápidamente se apuntan nuestros gobernantes a echar balones fuera
con la excusa presupuestaria como mantra para aislarse de sus
responsabilidades. Recordemos primero, porque es de justicia, que no fuimos
nosotros quienes nos enriquecimos de forma vergonzante con el dinero de todos.
Y una vez puesto esto sobre la mesa, recordemos también que es obligación de
los gobiernos el fomentar la producción y el acceso a la cultura en tanto y en
cuanto el carácter social y cohesionador de ésta.
Pero también hubo tiempos
de cierta bonanza, por eso no sólo podemos achacar todo el peso a los factores
económicos (recortes, menor poder adquisitivo, la asesina subida del IVA
cultural, las deficientes políticas de mecenazgo…) sino que también deberemos
acercar el foco a todas esas gestiones absurdas basadas más en el rédito
político que en el necesario desarrollo cultural de la sociedad. En este
sentido, hemos visto, siempre con tristeza, cómo se ha dejado en demasiadas
ocasiones la gestión cultural en manos de intereses de partido antes que en
profesionales cualificados. La cultura no se puede vender ni al peso ni al
mejor postor, y a nuestros gobernantes les puede la desidia. El resultado ya lo
conocemos.
Hace apenas unos días, la
presidenta andaluza, Susana Díaz, cerraba con el Teatro Real un Acuerdo de
colaboración. Por encima del interés
colectivo de llevar la Cultura, en este caso la música clásica y las
producciones líricas, vía internet a los centros docentes andaluces, sobrevuela
el interés partidista que la señora Díaz tiene ya en Madrid. De otra forma no
podría entenderse que prefiera firmar este Acuerdo (del que desconocemos el
coste) con el coliseo de la capital mientras está llevando a la ROSS a la
desaparición por impago, por ejemplo. ¿Qué le impide hacer esa labor pedagógica
y divulgativa con las orquestas y espacios escénicos andaluces? ¿Qué le impide apostar sin trampas por estas
necesarias instituciones andaluzas? Nada, desde luego, salvo su ego político. Mientras
se le llena la boca hablando de los “buques insignia de la Cultura en el sur de
Europa”, sus actos demuestran que, en el fondo, lo que le interesa es poco más
que hacerse una foto bonita que venda bien su imagen política. Y así todo. Y
todos. Tristemente.
Festivales, teatros,
orquestas… espacios todos de creación que, tras alcanzar un alto nivel de
excelencia y el reconocimiento internacional, se ven abandonados y abocados a
la desaparición sin más explicaciones y casi por la puerta de atrás. Si no nos
paramos a mirar bajo las alfombras, todo quedará en que el éxito los hizo morir
de vértigo. Y seguiremos así amparando, con nuestro silencio, la deleznable parodia
de nuestros gobernantes.
lunes, 2 de mayo de 2016
TEATRO DE LA MAESTRANZA. 25 AÑOS.
Hoy
cumplimos 25 años ¡que no es poco!
Aquel 2 de
Mayo de 1.991, el recordado y querido maestro Sutej subía al pódium para
dirigir a la (por entonces aún) Orquesta Sinfónica de Sevilla en un programa
compuesto por el Preludio de “El Tambor de Granaderos” de Chapí, el “Concierto
para piano y orquesta nº 2” de Rachmaninov (con Rafael Orozco como solista) y
la “Suite sinfónica Sheherezade” de Rimsky-Korsakov.
Mucho ha
llovido desde entonces, y muchas y grandes han sido las noches que hemos
disfrutado en esta casa.
En la
memoria, y ya siempre en el corazón, la música en directo de Philip Glass para
las proyecciones de “Powaqqatsi” de Reggio o de “La Bella y la Bestia” de
Cocteau, el transgresor “Lago de los Cisnes” del Cullberg Ballet, el “Pierrot
Lunaire” de Shöenberg, la “Lulú” de Berg; producciones históricas e
irrepetibles como “La Boheme” y la “Tosca” de Zeffirelli, el “Don Carlo” de Visconti
o “La Traviata” de Liliana Cavani; ver crear ensayo a ensayo a verdaderos
monstruos como Zeffirelli, Herzog, Svoboda, Baryshnikov, del Mónaco, Bejart;
una entrañable conversación con Michel Camilo después de un ensayo, esperar la
hora de la función charlando y riendo (mucho) con Les Luthiers; llorar de
emoción envuelto por la música de Wagner o caer rendido ante la hermosura del
“Parque de María Luisa” de Riqueni.
Y, por
encima de todo, resaltar lo que ha significado compartir tanto con mis compañeros
durante este intenso último cuarto de siglo, con los que están desde el
principio, con los que ya no están y con los que fueron llegando, junto a los
que he ido creciendo tanto en lo profesional como en lo personal. Sois muy
grandes y es un verdadero placer compartir con ustedes el milagro que desde
hace 25 años sucede en Sevilla cada noche que se levanta el telón del
Maestranza.
Celebrémoslo,
pues. ¡Felicidades a todos!
Creando ambiente para la ópera "Carmen".
Producción del Covent Garden y Teatro del Liceo.
Inauguración de la Expo-92.
lunes, 14 de diciembre de 2015
FALTAN SEIS DÍAS Y ESTA ES MI CARTA
Confieso
que me ha costado. Llegar ha sido una verdadera carrera de obstáculos, pero
tras mucho leer, mucho hablar, debatir, pensar y repensar, finalmente tengo la
decisión tomada. Y aquí va mi carta, con la intención de compartir.
A
estas alturas, no voy a esconder mi decepción no sólo con distintos aspectos
organizativos y formales de Podemos sino también con algunas personas de su
entorno. En el proceso de cambio por el que apostamos no sobra nadie, pero
hubiera preferido no conocer a ciertos elementos (los menos, eso sí), que
también en Podemos se hace gala del típico tópico del cainismo sevillano ¡y de
qué manera! Por eso, antes de que la desazón se convirtiera en úlcera, decidí
apartarme un poco para esquivar tanto “envenenamiento” y poder verlo todo desde
otro ángulo, cuando menos, más sereno.
Sin
participar ya, por tanto, de lo interno, me pongo en el lugar de los (¡ojalá!)
millones de votantes que no dejan su tiempo en los Círculos, en esos que ni
siquiera cuentan en los censos inflados de Vistalegre, en los que no saben quién
es Laclau, ni Stiglitz, en los que no han leído a Marx o no entienden las
bromas sobre Kant en los periódicos. Y hoy, a seis días de una jornada por
muchos motivos esperanzadora, me sumo a esa marea de carteras y carteros del
cambio para reflexionar por qué esta de Podemos, a pesar de tantas cosas, me
parece la mejor opción.
Quiero
decir, en primer lugar, que me parece un tremendo error que no se haya podido
presentar una candidatura unitaria potente de izquierdas. Echar las culpas a unos
u otros es desviar la atención, porque todos ayudaron, a su manera, al
desencuentro. Demasiados intereses, demasiados ombligos, que todos tendremos
que analizar si queremos avanzar realmente y de forma decidida. Mi gratitud por
los que sí que lo intentaron. Y mi deseo de que también los compañeros de IU-UP
logren un buen resultado el próximo domingo. En definitiva, todos sumamos.
Y
estando así las cosas, he de decir que leo los programas electorales y creo que
Podemos ofrece, en general, una propuesta seria y bien fundada. Ciertamente puede
que se haya rebajado el discurso inmediato en algunos puntos que entendíamos fundamentales,
aunque, como decía el profesor Monedero recientemente en una entrevista, quizás
haya que pensar que sólo se trata de acompasar el paso a unos tiempos más
pragmáticos alejados del exceso de dogmatismo, pero, eso sí, sin abandonar lo
que ha de ser el fin que se persigue. Pero por encima de esto, de ese debate
marcadamente interno, se presenta, a mi entender, un programa novedoso y se
apunta en firme a la línea de flotación de un sistema a todas luces injusto. Todos
somos conscientes de que el institucional no es el único camino, pero con este
programa, y tomando como referencia el enorme trabajo que ya se está realizando
en los Parlamentos autonómicos y en los Ayuntamientos, todo invita a pensar que
este es, también, el sentido correcto de la marcha.
Por
otro lado, y aún a pesar de algo que dije más arriba, he conocido en Podemos a
mucha gente muy grande capaz de dar todo por ese cambio, gente capaz de sacar
horas de donde puede, de su ocio, de su familia, para trabajar por un proyecto
ilusionante que devenga en una sociedad más justa, más humana. Y son estas
gentes las que, en su conjunto, han llevado a la ciudadanía el mensaje de que
sí se puede, las que les han abierto las puertas de las instituciones.
Que
queda mucho trabajo por hacer no es nada nuevo, y la más palpable prueba es conocer
a cientos de vecinas y vecinos que, aun sintiendo y sabiendo de la necesidad de
cambio, no acaban de dar el paso y confían en el trabajo sincero de todos estos
compañeros que día sí y día también activan nuestros barrios, que lo vienen
haciendo desde siempre, que lo hacen desde distintas plataformas, pero que, a
la postre, todos son identificados como las gentes de Podemos, como si eso
fuera una especie de clave ciudadana para activar la ilusión colectiva.
Y
pienso, por ejemplo, en mi vecino del 2º, el que me ha mirado cómplice en las
últimas tres citas electorales cuando me ha visto como apoderado en el colegio
al ir a votar, ese vecino que no se atreve a más, o no sabe, o le atenazan
otras urgencias, pero que confía en ese voto con ilusión. Y me pregunto qué pensará
si no encuentra a alguien que le represente y a quien decirle por bajo “¡a
éstos nos los vamos a comer hoy con papas!” ¿Y si pensara que, al final,
resulta que no se puede, que no se podía, que todo ha quedado, otra vez, en
nada? La gente es, por inercia, mucho de símbolos e imágenes.
Por
eso, el 20D, pensando más en la gente de la calle que en diatribas eternas sobre
quién es más o mejor, estaré en mi colegio como apoderado defendiendo un voto
que creo más que necesario a día de hoy.
Quizás
se trate de actuar con las tripas más que con la razón, como me decía una
compañera el otro día. Quizás. Pero conozco a mucha gente que espera ver los
tarjetones morados en los colegios como avance de una ilusión renovada. Y conozco
a grandes personas que están trabajando duro, y de forma absolutamente desinteresada,
por hacer valer toda esa fuerza social de la que se retroalimentan.
Lo
dicho, por todos ellos.
Un
abrazo. Y, por supuesto, no olviden. Y sonrían.
jueves, 3 de septiembre de 2015
PEQUEÑA MUERTE
(foto de Nilufer Demir - Reuters)
Huir del horror, de la
barbarie infinita, de la desesperación y la desesperanza. Huir del olor a
muerte, de la sangre en las aceras, de niñas violadas, de vidas despreciadas. Se
llamaba Aylan Kurdi y tenía apenas tres años. Las playas turcas de Bodrum
recibieron su pequeño cuerpo mientras gobernantes sin escrúpulos ni conciencia
reducen la tragedia a un vergonzante mercadeo de salón.
Maldigo a esos cuervos, a
esas alimañas que arrojan países enteros a la destrucción para alimentar su
codicia. Maldigo a aquellos que se llenan la boca de leyes sólo cuando pueden
sacar tajada. Maldigo y repudio a esos hijos de puta que luego blindan sus
fronteras para que la vergüenza no les manche sus zapatos de niños ricos.
Mientras el pueblo sirio
(y el afgano, y el eritreo, y tantos y tantos pueblos…) se desangra en las
fronteras de una Europa-fortaleza a medida de las élites financieras, los
Derechos Humanos son gaseados y apaleados, confinados en estaciones, contenidos
entre alambres como una epidemia fantasma, o yacen arrojados en la arena, con
sus chalecos rojos y sus zapatitos, como el pequeño Aylan en las playas de
Bodrum.
Sonroja oír a nuestros
gobernantes regatear como en un mercado, jugarse a los dados los tantos por
ciento, intentando mirar para otro lado mientras esconden sus manos manchadas
de sangre. El pequeño Aylan huía de la miseria financiada por EEUU, por Rusia,
por China, por la UE y por los países árabes del Golfo Pérsico. Huía del odio
irracional del poder, de la sinrazón del dinero y los intereses geopolíticos,
para acabar con los labios hinchados y violetas, arrojado en la playa, sin
derechos, sin vida.
Millones de refugiados y
desplazados, millones de Aylan, recorren desesperados cada día el filo de la
navaja. Una navaja que vulnera sistemáticamente los Derechos Humanos y que se
niega a cumplir el derecho internacional mientras aboga por ahogar la esperanza
en origen pidiendo que se bombardeen barcos y puertos para evitar así tenerse
que mirar en los espejos, pero una navaja que no habla de zanjar de una vez por
todas la rapiña con la que acosa la historia de los pueblos, la risa de sus
gentes.
Al menos, una vez más, los
ciudadanos han demostrado estar muy por encima de sus gobiernos mediocres y
exigen el abrazo hermano y la mirada de reconocimiento en el otro. Aunque para
Aylan ya sea tarde y nada ni nadie pueda enjugar su cuerpo de niño sobre las
playas de Bodrum.
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